lunes, 27 de diciembre de 2010

Puesto Militar de Sombrero – Restauración, del Sur al Cibao



Anoche nos acostamos temprano, con la barriga llena y con nuestra familia en la mente.
        Era la primera noche buena fuera de mi casa, y eso me causaba dentro una gran tristeza. Con la mente intente trasladarme a la mesa de mi hogar y trate de imaginar las cosas que en aquel momento estaban haciendo mis padres y mis hermanos.
Pensaba en lo triste que debería estar sintiéndose mi mami, pues a ella le encanta ver a todos sus niños reunidos en la mesa ese día, disfrutando de la cena que con tanto amor ella misma prepara. Pensaba en  el cerdo, en los pasteles en hoja, en los pastelitos, en la ensalada de papas. Pensaba en tantas cosas, pero sobre todo trataba de escuchar las palabras de mi madre, quien todos los años nos prepara un lindo mensaje lleno de amor y sabiduría, para transmitírnoslo cuando estamos todos reunidos ya en la mesa.
Cuando despertamos ya había salido el sol. Al ver la hora nos dimos cuenta que ya eran las 7:47am. Lo que significaba que se nos había hecho tarde, pues era a las 8:00am que teníamos pensado salir a caminar.
En la mañana al igual que en la noche hizo  un frío tremendo, mas que en cualquiera de los días anteriores. Al mirar por la ventana todo lo que se veía era un absoluto y brillante blanco. La visibilidad era inferior a tres metros.
A las 9:15am salimos a camino, en compañía del sargento Merán, comandante del puesto de Sombrero. Hora y media después llegamos a Palmita, puesto comandado por el sargento mayor Pérez y Pérez. Nos despedimos del sargento Merán y continuamos junto al cabo Manuel Liriano García.
Cerca de las 1:30pm llegamos al puesto de Los Algodones, donde nuestro acompañante fue relevado por el cabo Ramiro Reyes Toribio, perteneciente a la 17 compañía del Ejercito Nacional. Desde aquí en adelante estaríamos bajo el abrigo de la 4ta Brigada de Infantería del Ejército Nacional.
A las 4:15pm llegamos al destacamento de Villa Anacaona, donde nos dio la bienvenida el sargento mayor Félix Castillo, el teniente del G-2 Manuel Ramírez Beltré, quienes nos dieron la bienvenida al Cibao. Dejamos nuestro anterior acompañante y continuamos rumbo a Restauración en compañía del raso Richy De Los Santos Contreras.
Ya de vuelta al asfalto comenzamos a caminar en medio de un bosque de pinos. Al resguardo del sol y con una leve y fresca brisa que nos acariciaba el rostro, el camino se convirtió en toda una delicia, sobre todo al pensar que faltaban menos de diez kilómetros para llegar a nuestra próxima meta: Restauración.
El camino estaba poblado de un gran número de plantas de guayaba silvestres, que nos brindaron  sus frutos. Ya unos kilómetros atrás, Rafelito, un señor que se dedica a comercia productos en la zona, muy amablemente nos invito a cenar en su hogar.
El sol nos abandono a la suerte de la noche cuando aun faltaban cerca de seis kilómetros para concluir esta etapa. Cuando dieron las 7:30pm ya habíamos llegado al cruce de Los Corosos. En este punto volvimos a tener señal en nuestros equipos, y decidimos que la primera llamada sería al general Milton De Jesús Frías para agradecer todas las cordiales atenciones que tuvo con nosotros la brigada que el tan diligentemente comanda.
En los últimos tres kilómetros nos acompañaría el cabo Ernesto Otaño Voció. Estos pasos vislumbraban ser los más difíciles de esta etapa, pues además de ser oscuros y fríos, ya estamos exhaustos y hambrientos.
Siendo las 8:33pm llegamos al parque central de Restauración, donde una joven nos identificó, y seguido vino un gran numero de personas a preguntarnos detalles sobre el viaje y la actividad, y claro, a tomarse fotos con nosotros. Por ese momento olvidamos que llevábamos tres días con la misma ropa, y nos abrazamos de todo el mundo.
Luego de unos 20 minutos de fotos y saludos, continuamos un par de cuadras hasta la fortaleza del Ejercito Nacional, donde informamos de nuestra llegada “sin novedades”.
De ahí nos fuimos a casa del señor Héctor Porfirio Rodríguez (Rafelito) quien nos había hecho la invitación a cenar. Su esposa la profesora Andra Aquino Contreras nos hizo el grandísimo favor de lavarnos la ropa de caminata, la cual ya no podía coger ya más sucio.
Luego de conversar por un buen rato nos fuimos a dormir a un pequeño hotel cercano de la casa donde estamos. Nos acostamos ya pasadas la 1:30am, el dolor de que a las 5:00am ya teníamos que estar de pié.

1 comentario:

Anónimo dijo...

OIGAN MUCHACHOS FELICIDADES, SOY EL PPROFESOR SERAFIN DE LA VEGA LA VERDAD ES QUE USTEDES SON UN EJEMPLO PARA LA JUVENTUD DE HOYUN ABRAZO Y ADELANTE