
Muchos ya han “olvidado” lo que ocurrió aquel día, otros nunca lo han sabido, y otros ya se fueron sin saberlo. Como dominicano entiendo que es un deber resaltar y nunca dejar morir la memoria de ese gran momento, el cual ha sido la fase de nuestra historia que más sangre nos ha costado. Más de 20 mil muertos, aun sin contar, fueron la factura humana que pagamos para mantener viva nuestra soberanía.
Un 24 de abril un grupo de militares, que desde hacía meses se venían organizando, levantaron cuarteles, encendiendo la chispa que en pocos días haría arder la llama de la justicia en los corazones de todo el pueblo dominicano. Nunca antes en la historia universal los militares habían decidido limpiar su propio lodo. Nunca antes, desde el seno de los cuerpos militares, había surgido la iniciativa de restaurar la democrácia que ellos mismos habían pisoteado. Esos militares, conscientes y valientes, se dieron la tarea, a sacrificio de la propia vida, de devolver al pueblo lo que años antes le habían arrancado.
Así nace la Revolución de Abril de 1965, donde el pueblo, dirigido por un reducido grupo de militares serios y sobrados en valentía, se lazó a las calles a defender su libertad y su soberanía. Miles y miles de hombres y mujeres lucharon con palos y piedras contra cañones y tanques, y vencieron, demostrando que el poder no está en las armas sino en el amor y la determinación. Nuestro pueblo escribió con su propia sangre hermosos versos de amor y libertad, versos que serán fuente eterna de inspiración para todos los dominicanos, en todos los tiempos y circunstancias.
Los dominicanos en el 65 se levantaron desde debajo de las botas de los opresores que por años le habían pisoteado su honra y su libertad. Se levantó y demostró que la opresión lejos de atrofiar su espíritu lo había vuelto un gigante. En pocos días ese pueblo que había sido maltratado, humillado y expoliado se despertó de su letargo y de una sola sacudida se quitó de encima las cadenas que lo tenían condenado. En pocos días recobró su soberanía y retornó a la constitucionalidad.
Esa Constitución con la que hoy juegan nuestros gobernantes, haciendo y deshaciendo a su antojo, interpretándola como se les da la gana, ese “pedazo de papel”, nos ha costado mucha sangre defenderlo y mantenerlo.

Así como es de hermoso aquel glorioso momento de nuestra historia, así mismo es de vergonzoso ver a nuestros gobernantes orinarse sobre la sangre derramada por nuestros hermanos. Los seres más nobles de nuestra tierra han dado todo, hasta sus vidas, pero no para que veamos a la crápula de nuestra nación humillando a nuestro pueblo, sino para que todos tengamos una vida digna y justa. En honor a sus memorias, en respeto a su sacrificio, debemos tomar la decisión de hacer lo que haya que hacer. Por respeto a nuestros hermanos muertos, por amor a nuestros hermanos vivos y por el compromiso con nuestros hermanos que vendrán en el futuro, debemos poner manos a la obra en la construcción de una nación próspera, donde prime la justicia social y el respeto a los derechos.
Adelante dominicanos, que el futuro no es lo que será, sino lo que nosotros hagamos de él.
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